Consiste básicamente en un calentamiento hasta la temperatura de austenización (800-925 °c) seguido de un enfriamiento lento. Con este tratamiento se logra aumentar la elasticidad mientras disminuye la dureza.
También facilita el maquinado de las piezas al homogeneizar la estructura, afinar el grano y ablandar el material, eliminando la acritud que produce el trabajo en frío y las tensiones internas.